En pocas palabras

Una ruta con una sola ventana horaria se ordena fácil. Cuando cada parada tiene una hora distinta —inicio, fin y prioridad— el ruteo se vuelve un equilibrio: cumplir las duras, ajustar las blandas y detectar lo que no entra antes de prometerlo.

Las ventanas horarias son la promesa que le hacés a cada cliente: "entre las 10 y las 12", "después de las 14", "antes de las 11". Cuando son pocas, se acomodan a mano. Cuando son muchas y distintas en la misma ruta, ordenar se convierte en un problema de equilibrio: ¿a qué ventana le doy prioridad? ¿Cómo evito que una parada urgente rompa el resto del turno? En este artículo vemos el enfoque práctico para balancear múltiples ventanas en una sola ruta.

El problema: no es una ventana, son muchas

Con una ventana por ruta (ej: "reparto de 8 a 17"), el planificador arma el orden por cercanía. El desafío real aparece cuando cada parada tiene su propia ventana:

  • Una entrega solo se recibe "de 9 a 11".
  • Otra "después de las 15" (el negocio abre tarde).
  • Otra "antes del mediodía" por compromiso comercial.
  • Y una más con ventana "de 14 a 16" por seguridad del barrio.

Ordenar por distancia rompe las promesas; ordenar solo por hora hace kilómetros de más. El balance está en medio.

Capacidad real del producto (verificada): OptimoCamino declara "Parámetros de horarios, zonas, ventanas, capacidades y tipos de vehículo" y "Configurá ventanas, zonas, capacidades, prioridades y tipos de vehículo". Es decir, las ventanas se configuran por parada y el algoritmo las balancea al armar la ruta.

Las tres variables que tenés que balancear

Para armar una ruta que cumpla varias ventanas, el planificador trabaja con tres ejes:

  • Tiempo de traslado: el recorrido entre paradas consume minutos que no se pueden violar.
  • Ventana de cada parada: la hora prometida (inicio y fin) de cada entrega.
  • Prioridad: qué ventana es dura (no se mueve) y cuál es blanda (se puede negociar el margen).

El ruteo no "ordena" solamente: decide el conjunto de paradas y su orden para que la secuencia cumpla la mayor cantidad de ventanas posibles, y cuando no se pueden cumplir todas, que la que se rompe sea la correcta.

Ventanas duras, ventanas blandas

No todas las promesas pesan igual:

  • Ventana dura: la pierdo si llego fuera de horario (un negocio que cierra, un turno de guardia, un compromiso de contrato). El ruteo la trata como restricción.
  • Ventana blanda: tiene margen (un cliente que "suele" recibir de mañana pero acepta la tarde). El ruteo la puede desplazar dentro de un umbral.

Balancear significa: cumplir todas las duras y ajustar las blandas de modo que ninguna de las duras se caiga. Eso es lo que el parámetro de prioridades permite declarar.

Enlace interno: las ventanas duras se conectan con la medición de cumplimiento que renueva contratos — OTIF y nivel de servicio: las métricas que renuevan el contrato.

Cómo lo resuelve la planificación (no a mano)

Cuando son más de dos o tres ventanas, hacerlo "a mano en Excel" se vuelve imposible de optimizar. Lo que hace un planificador con restricciones:

  • Recibe la regla de cada parada: ventana, prioridad, zona, vehículo preferido.
  • Arma la secuencia candidata que respeta los traslados y las ventanas duras.
  • Ajusta el orden para no romper las blandas dentro de su margen.
  • Y si algo no entra en el turno (el clásico "no me cierra la ruta"), lo señala para reprogramar —en lugar de prometer y fallar.

Ese último punto es clave: un buen balance no promete lo imposible; lo detecta antes y lo reasigna.

Enlace interno: cuando una parada no entra en la ruta, la gestión de pedidos urgentes ayuda a absorberla — cómo manejar pedidos urgentes sin romper la ruta.

El patrón de una ruta bien balanceada

Un ejemplo típico de mañana con cuatro ventanas distintas:

  • 08:30–09:30 — primera entrega, zona oeste
  • 10:00–12:00 — dos paradas duras en el centro (negocios que solo reciben de mañana)
  • 12:00–14:00 — parada blanda en la zona norte (acepta la tarde)
  • 15:00+ — ventana del negocio que abre tarde

El ruteo acomoda la blanda de la zona norte al mediodía o a la tarde según convenga al traslado, mantiene las dos duras del centro en su ventana, y deja la última para la vuelta. El resultado: todas las duras se cumplen, la blanda se ajusta sin drama y el turno no se estira.

¿Cada entrega tiene su hora prometida y el orden se arma "a ojo"?

Un ruteo que balancea ventanas, prioridades y traslados te deja cumplir lo prometido sin romper el turno.

Hablar con el equipo de OptimoCamino

Cómo OptimoCamino te ayuda con el balance

  • Ventanas por parada: cada entrega lleva su horario prometido, no un horario global de la ruta.
  • Prioridades: distinguís la ventana que no se mueve de la que admite margen.
  • Zonas y tipos de vehículo: el balance se hace respetando geografía y capacidad.
  • Reasignación clara: cuando algo no entra, se marca para reprogramar en lugar de fallar en la calle.

Enlace interno: el equilibrio de ventanas se apoya en la planificación con restricciones de carga — ruteo con carga real: peso, bultos y cubicaje.

Preguntas frecuentes

El ruteo detecta el conflicto y lo resuelve a nivel de plan: ajusta el orden o señala que una parada debe ir a otro vehículo o turno. La clave es que lo ves antes de salir, no cuando el chofer llega tarde.

No. La ventana es el rango de hora prometido; la prioridad declara cuán rígida es esa promesa (dura vs blanda). Una ventana blanda con prioridad alta y una dura con prioridad baja no se tratan igual.

No. Configurás ventana donde la necesitás; las paradas sin ventana el algoritmo las acomoda en el mejor hueco. Eso simplifica la carga: solo marcás las restricciones que existen.

También: declarar las pocas ventanas que tengas ya mejora el orden y evita la promesa rota en los clientes que sí tienen horario. No hace falta que toda la ruta tenga ventanas para que el balance funcione.

Conclusión

Balancear múltiples ventanas horarias es el arte de la última milla con promesas distintas: cumplir las duras, ajustar las blandas y avisar cuando algo no entra en vez de prometer y fallar. Cuando el ruteo recibe las ventanas por parada y las prioridades, el orden deja de ser un equilibrio a mano y pasa a ser un plan que se puede ejecutar y medir.